Documento
«Kairós Centroamericano»


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«Kairós Centroamericano»












INTRODUCCION

1 Este documento va dirigido a todos los cristianos y personas de buena voluntad que han seguido de cerca la situación y las luchas de nuestros pueblos y que oran y se solidarizan con nosotros en todos los países del mundo.

2 Queremos a través de este trabajo, animarles a seguir identificándose con nuestra lucha y con nuestra esperanza. Necesitamos que los cristianos de todo el mundo sigan firmes y constantes en la solidaridad con América Central.

3 Nos dirigimos de manera especial y urgente a las comunidades cristianas de Centroamérica misma y de Estados Unidos, por ser los pueblos más directamente involucrados en los conflictos que estamos viviendo en la región.

4 Al compartir con ustedes el testimonio de nuestra fe, deseamos también hacer un llamado a nuestra conciencia de cristianos centroamericanos. Sentimos y creemos que estamos llegando al momento de unirnos más estrechamente y hacer decisiones conjuntas. Debemos velar y orar, reflexionar y tratar de discernir los signos de los tiempos. Sólo así podremos hacer opciones y realizar acciones consecuentes con los anhelos y con el clamor de nuestros pueblos. Tenemos el deber, como cristianos, de contribuir al logro de una paz digna que surja del respeto y la defensa de nuestra libre autodeterminación y de la construcción de la justicia y de la fraternidad.

5 El Kairós centroamericano surge de 464 años de luchas, agonías y esperanzas. La confrontación con la política neocolonialista e intervencionista de Estados Unidos, está llegando a su punto culminante en toda la región. La guerra de agresión en contra de Nicaragua, las constantes presiones sobre los gobiernos de América Central incluyendo Panamá y Belice por parte del gobierno de Estados Unidos para que apoyen su política, la ocupación de Honduras como plataforma militar y el apoyo militar a los regímenes represivos de Guatemala y de El Salvador, ponen en peligro la vida de más de 22 millones de seres humanos en esta región. Nuestros pueblos, empobrecidos ya por un sistema económico nacional e internacional injusto, gimen y luchan con denuedo y esperanza.

6 Confesamos humildemente que nosotros no hemos llegado a un discernimiento pleno y satisfactorio de esta hora difícil. A pesar de nuestra limitación, queremos contribuir con esta primera palabra para dar inicio a un proceso conjunto de análisis, reflexión y discernimiento que vaya arrojando cada día más luz para todos nosotros aquí en América Central y también a nivel internacional.

7 Con este documento «Kairós Centroamericano» no pretendemos dar ninguna última palabra. Queremos más bien compartir humildemente nuestra fe, nuestra visión cristiana de esta hora histórica que vivimos en Centroamérica, y abrir así un espacio de reflexión y diálogo en las comunidades y en las Iglesias, junto a todos los hombres de buena voluntad. Invitamos a todas las comunidades a orar, reflexionar, discernir y llegar a formular su propia visión cristiana de este Kairós que Centroamérica es, y a compartir ese discernimiento con las demás comunidades, en un ejercicio profético de solidaridad compartida, de cristiana corresponsabilidad histórica hacia Centroamérica

8 Les invitamos pues a multiplicar y difundir este nuestro documento, y les rogamos encarecidamente nos envíen sus reacciones, sugerencias, reflexiones y críticas, o mucho mejor su propio «documento Kairós Centroamericano», a los apartados 3205 y RP-082 de Managua (Nicaragua). Gracias.

PARTE I: LA REALIDAD QUE VIVIMOS

1. La vida en Centroamérica.

9 Durante los últimos diez años han muerto en Centroamérica más de 200.000 personas, de un total de 25 millones de habitantes en la región (cerca del 1%). En su gran mayoría pobres: sindicalistas, indígenas, campesinos, guerrilleros, cooperativistas, jóvenes reclutados a la fuerza para luchar contra sus propios hermanos. Todos ellos víctimas de una política de terror y contrainsurgencia.

10 La guerra no es un azar ni resultado de una naturaleza violenta del centroamericano. Es fruto de la injusticia. Es la lucha de los pueblos en defensa de su vida, contra los privilegiados que siempre han detentado el poder económico, político y militar. Sectores que han sido apoyados y financiados por los gobiernos estadounidenses, que defienden su hegemonía a costa de las naciones del Tercer Mundo.

11 Los conflictos armados en nuestros países no son más que expresiones dramáticas de la violencia institucionalizada. En Nicaragua la contrarrevolución armada y financiada por el gobierno de Estados Unidos ha provocado miles de asesinados de la población civil, así como en El Salvador y Guatemala este papel de genocidio lo desarrollan los ejércitos gubernamentales.

12 Expresión de esta violencia institucionalizada es la guerra económica contra las mayorías. Entre sus víctimas podemos mencionar:

13 -Quienes en el campo y la ciudad se organizan en sindicatos y otras asociaciones democráticas para defender sus vidas, víctimas de la represión, desaparición, tortura y muerte.

14 -Mujeres obligadas a emigrar hacia las ciudades para ofrecerse como domésticas o prostituirse.

15 -Obreros que sufren caídas constantes de sus salarios reales. Alto número de desempleados y subempleados. Migración masiva hacia países del norte en busca de empleo y seguridad.

16 -Cientos de miles de campesinos desplazados de sus lugares de origen por no poder trabajar sus tierras debido a los operativos militares.

17 -Mineros y madereros explotados por corporaciones transnacionales que destruyen el medio.

18 -La emigración de los técnicos en busca de empleo remunerado.

19 -Familias divididas; niños huérfanos, esposas solas.

20 Otra forma de violencia institucionalizada es el alto grado de analfabetismo en la mayor parte de la región. La invasión cultural que impone el sistema de vida norteamericano como un paraíso. Los servicios de salud insuficientes, con altos niveles de mortalidad infantil.

21 La guerra tiene raíces comunes, pero se expresa de forma diferente en cada país: en Nicaragua, un estado joven, revolucionario, lucha por defender sus conquistas, su soberanía e independencia contra la administración norteamericana, que le ha declarado la guerra en todos los ámbitos: diplomático, económico, político, social y militar con las bandas contrarrevolucionarias. En Guatemala, la dictadura ancestral se manifiesta hoy en el gobierno demócrata cristiano, disfraz del genocidio y etnocidio, que nuevamente se recrudece. En El Salvador, un movimiento popular y guerrillero crece, presentando una alternativa frente a un gobierno títere de los norteamericanos. En Honduras los verdaderos gobernantes son los militares representantes de la política agresiva y militarista de Estados Unidos. En Costa Rica una democracia se debilita y pierde credibilidad por la pauperización y el endeudamiento. En Panamá una larga y dura lucha nacionalista culminó con la firma del tratado Torrijos-Cárter (1977), que promete devolver a los panameños su principal recurso, su canal interoceánico. El Imperio busca de mil maneras incumplir estos acuerdos.

2. Antecedentes del momento actual.

22 La lucha actual de Centroamérica comienza con la conquista de nuestros pueblos por la política colonialista de la España del siglo XVI, saqueando las riquezas naturales y explotando a los nativos con la «legitimidad» de la Corona española, la cruz y la espada. Los indígenas fueron sometidos a regímenes de trabajo esclavizante en la agricultura y en la minería. Fueron siglos de lucha desigual de españoles y criollos contra indígenas y negros esclavos traídos del Africa, de expropiación de sus tierras, culturas y vidas. Pocos pueblos, como los mayas y caribes lograron cierta cuota de independencia. Estos pueblos aún siguen luchando por sobrevivir.

23 La independencia política de España, como consecuencia de su desgaste político y económico, no vino a mejorar las condiciones de los pobladores en nuestros países. Las minorías privilegiadas mantuvieron para sí las ventajas de este nuevo fenómeno. El siglo XIX registró una constante pugna entre liberales y conservadores. Y es en la segunda mitad de este siglo cuando Centroamérica es incorporada al sistema capitalista de producción con economías de agroexportación, en torno principalmente al café. Esto significó un mayor despojo de las masas empobrecidas, con la conversión del campesino en jornalero en las haciendas de café y banano.

24 La historia de nuestras pequeñas repúblicas, divididas en la primera mitad del siglo XIX por los intereses de las clases dominantes, es la historia de la búsqueda del modelo político y económico a seguir. La soberanía de Nicaragua se vio agredida por los intereses norteamericanos por una vía interoceánica. Nicaragua fue escenario de la digna guerra centroamericana contra el filibustero Walker y del Ejército Defensor de la Soberanía, liderado por Augusto César Sandino contra la invasión del ejército norteamericano en 1927. Similares intereses de los norteamericanos se han dado en torno al canal de Panamá. Aquí una lucha nacionalista logró los acuerdos Torrijos-Cárter para la devolución del canal. Las innumerables maniobras de los estadounidenses para incumplirlos han desatado los conflictos actuales.

25 En Guatemala, la conquista por primera vez de un gobierno demócrata, popular y participativo, fue destruida en 1954 por el golpe militar fabricado por la Central de Inteligencia (CIA) que formó un ejército mercenario desde Honduras.

26 Los regímenes militares han sido la tónica dominante en nuestras naciones, y han sido equivalentes a dictaduras antipopulares y represivas. Claro ejemplo de esto fue la masacre de 1932 en El Salvador de 30.000 campesinos que se alzaron por el hambre y la falta de democracia. Costa Rica fue un espacio civil dentro de esa tónica. Las alianzas militares de la región (CONDECA) no fueron sino políticas contrarrevolucionarias, que se reflejaron más claramente en la adopción de la Doctrina de Seguridad Nacional, en «prevención» de cualquier intento de constituir en la región una nueva Cuba, pueblo éste que mostró un camino para construir la nueva sociedad.

27 Ahora, el militarismo sigue siendo la espina dorsal de la política norteamericana de dominación del área. Sus bases militares en Panamá y Honduras, lo confirman.

28 Las expresiones de resistencia de nuestros pueblos no han estado ausentes en ningún periodo. En los últimos años el FSLN logró, junto con el pueblo, la liberación de Nicaragua. En El Salvador y Guatemala hay organizaciones político-militares y populares que presentan una verdadera alternativa.

3. Inserción geopolítica de Centroamérica

29 La lucha de los pueblos de Centroamérica tiene implicaciones globales. Hoy se plantean las exigencias urgentes de un nuevo orden internacional en lo económico, en lo político, en lo jurídico. Se trata de suplantar en las relaciones internacionales el derecho de la fuerza por la fuerza del derecho.

30 Al interior de Centroamérica la fuerza moral de este planteamiento geopolítico descansa sobre su base popular. En Nicaragua la revolución popular sandinista se va construyendo y ya se ha plasmado en su nueva Constitución un proyecto original de democracia plena, participativa (a través de organismos de masas: jóvenes, mujeres, obreros, etc) y representativa (pluralismo de partidos políticos que participan en la Asamblea Legislativa). Un elemento importante de esta democracia popular y participativa es la creación y protección de un espacio para la autonomía cultural y política de los grupos étnicos. Sin esta participación de las comunidades indígenas no se puede dar verdadera democracia en los demás países del área.

31 No es casual que las luchas populares centroamericanas hayan servido como ocasión para la conformación de un activo bloque de naciones latinoamericanas. Primero se formó el Grupo de Contadora, integrado por México, Venezuela, Colombia y Panamá, para buscar una salida negociada a los conflictos centroamericanos, como alternativa a las soluciones militares y antipopulares que promueve Estados Unidos. Posteriormente se sumaron a este grupo Brasil, Argentina, Perú y Uruguay. De modo que Centroamérica ha servido de ocasión para una aglutinación bolivariana que va cambiando las relaciones entre Estados Unidos y América Latina. La misma Organización de Estados Americanos OEA, otrora instrumento de los intereses norteamericanos, ha cobrado cierta autonomía. Las naciones latinoamericanas han asumido las banderas de la autodeterminación y la no-intervención, causas que antiguamente no pasaban de ser expresión de los deseos de países impotentes, pero que hoy por la unión se han transformado en una plataforma política respetada en el concierto de naciones y una propuesta latinoamericana para un nuevo orden político internacional.

32 El gobierno norteamericano, empecinado en una política de agresión a estas pequeñas naciones que siempre consideró como un patio trasero, ha continuado desarrollando la contrarrevolución en contra de las normas internacionales y en contra de la voluntad latinoamericana de buscar soluciones razonadas.

33 La interpretación de la democracia y los gobiernos democráticos en donde se logran los modelos occidentales según la visión de Estados Unidos, choca totalmente con el sentir y pensar de nuestros pueblos. La naciente democracia de Nicaragua para ellos es totalitarismo y gobierno que destruye los valores occidentales; los regímenes violatorios de los derechos humanos y fieles ejecutores de los planes contrarrevolucionarios, como los democristianos de El Salvador y Guatemala, son para ellos el vivo retrato de la democracia. El gobierno hondureño, militarizado y utilizado como base de agresión, es para ellos el régimen democrático a salvar del expansionismo sandinista. Estamos asistiendo así a una interpretación del mundo diametralmente opuesta.

34 El proceso de los acuerdos de Esquipulas manifiesta el deseo de nuestros pueblos de encontrar una salida centroamericana a los problemas centroamericanos. La posibilidad de una solución negociada, sin interferencias foráneas, se ve constantemente amenazada por la intransigencia norteamericana frente a soluciones justas.

4. Los cristianos en Centroamérica.

35 La novedad eclesial más significativa de las luchas populares centroamericanas es la participación de amplios sectores cristianos dentro del movimiento popular y de las fuerzas armadas del pueblo. Desde las tempranas comunidades eclesiales de Olancho (Honduras) y San Miguelito (Panamá), hasta la incorporación de cristianos y de algunas comunidades en la insurrección en Nicaragua, pasando por las comunidades indígenas y no indígenas en Guatemala y los cristianos dentro del movimiento popular salvadoreño, los cristianos están inmersos en este caminar, formando además un sector específico dentro de las luchas revolucionarias.

36 Como consecuencia de esta militancia cristiana se han multiplicado los mártires centroamericanos, cristianos que han sido asesinados por su seguimiento de Jesús. Es de todos conocido el martirio de Mons. Oscar Arnulfo Romero, arzobispo de San Salvador. Son muchos los delegados de la Palabra de Dios y agentes de pastoral que han sido asesinados por la contrarrevolución en Nicaragua y los gobiernos represivos en Guatemala, El Salvador, y Honduras, por su testimonio a la Palabra. Hay también cristianos que perecieron en combate después de haber tomado las armas por la causa popular movidos por su fe, como Arlen Siu, Sergio Guerrero Soza, Padre Gaspar García Laviana, en Nicaragua, Padre Ernesto Barrera en El Salvador, Padre Guadalupe en Honduras, etc.

37 Muchos son los testimonios de fe viva, tanto personal como comunitaria: la esperanza contra toda esperanza vivida en medio de los bombardeos y operativos militares indiscriminados en las montañas de Guatemala y las comunidades en resistencia; las comunidades en las zonas bajo control guerrillero en El Salvador, donde se ha desarrollado una pastoral de acompañamiento; las comunidades en las zonas de guerra de Nicaragua, que defienden con las armas y la fe sus vidas y su producción...

38 Centroamérica aporta en estos últimos años nuevas formas de evangelización, una pastoral de fronteras inmersa en la conflictividad de las armas, del movimiento popular, de la lucha por la paz, con el envío del Señor a ser fermento en la masa. Se ha abierto un diálogo y una práctica entre cristianos y revolucionarios, en una relación nueva, no exenta de tensiones, pero plena de aportes para el proceso de liberación.

39 Hay una actitud positiva en autoridades eclesiales para prestar el servicio evangélico de humanización del conflicto y de mediación en busca de soluciones negociadas.

40 Toda esta participación ha destacado también una nueva reflexión teológica y pastoral con esfuerzos por sistematizar y dar testimonio a las iglesias hermanas fuera de la región. Florece una nueva espiritualidad, una práctica cristiana que ha despertado una solidaridad que ha vivificado a muchas iglesias en muchos países.

PARTE II: MIRANDO ESTA HORA HISTORICA CENTROAMERICANA DESDE LA FE.

41 Queremos descubrir el significado cristiano que tiene esta hora histórica centroamericana que estamos viviendo. Para ello nos valemos de la fe cristiana. Nos sentimos iluminados por:

42 a) La palabra y la praxis de Jesús, que viviendo en una situación social crítica y conflictiva como la nuestra, la de la Paz Romana ofrecida e impuesta por el Imperio, fue testigo de los caminos que conducen a la verdadera Paz, optando inequívocamente por los pobres;

43 b) El Dios que Jesús nos ha revelado, que es Dios de Vida y de Paz, sin confundirlo con cualquier imagen idolátrica de Dios;

44 c) La utopía del Reino, revelada por Jesús como voluntad de Dios sobre la historia, y encomendada a sus seguidores como causa mayor y meta suprema de nuestro quehacer histórico.

1. SIGNOS DEL REINO EN ESTA HORA HISTORICA CENTROAMERICANA.

Ayudados por nuestra fe descubrimos estos signos del Reino en Centroamérica:

1.1 El pueblo se hace sujeto histórico.

45 Sentimos que en esta hora está madurando la conciencia histórica de nuestros pueblos centroamericanos. Las mayorías secularmente oprimidas están tomando conciencia de su dignidad. Dejan de ser «masas» para pasar a ser más y más conscientemente «pueblo». Irrumpen los pobres en la historia como pueblos que se hacen sujeto de sus propios procesos de liberación.

46 Simultáneamente oprimido y creyente, este «pueblo que no era pueblo y que ahora es pueblo» se hace también, cada vez más, «pueblo de Dios». El Espíritu lo ha sacudido y le ha hecho sublevarse frente al sistema de opresión. En la fe ha encontrado nuevas luces para desenmascarar la injusticia y para seguir a Jesús como el que quita el pecado del mundo, el liberador de toda opresión, el que da la Paz de un modo distinto a como lo da el mundo.

47 Desde la fe vemos a nuestro pueblo como un colectivo Siervo de Yavé, elegido y llamado a redimir activamente al mundo con su dolor fecundo, y a implantar el Derecho entre las naciones.

48 Con la nazarena María, también nosotros proclamamos la grandeza del Señor, porque mira la humillación de sus pobres, asume la defensa de los oprimidos, derriba del trono a los poderosos y lucha con nosotros para librarnos de la manos de nuestros enemigos. Algo de la utopía del Reino se realiza históricamente cuando avanza el proyecto de paz de los pobres, cuando son removidos los obstáculos que les impiden vivir dignamente. Algo de divino tiene el luchar por los derechos de los pobres, que son derechos de Dios. Sentimos proclamada la grandeza y la gloria de Dios cuando los pobres tienen acceso a la vida en abundancia y a la paz, cuando luchan como pueblo por construir el Reino en la historia.

49 El que el pueblo de los pobres, pueblo de Dios se haga sujeto histórico es una Buena Noticia que sólo los pequeños y los que miran desde su óptica son capaces de captar. Sólo a ellos les ha sido dado el entender estas cosas, el descubrir esta señal del Reino que es «alegría para todo el pueblo» (Lc 2,10-12).

1.2 Avanza el proyecto de Paz del pueblo.

50 Nuestra tierra es rica y fecunda. Pero nuestras riquezas han venido siendo secularmente saqueadas por los sucesivos imperios, en connivencia con oligarquías locales cómplices, y bendecidos por la Iglesia. Así se nos ha despojado de lo más elemental de Vida: alimento, salud, educación, tierra, techo, trabajo... y por eso no hay paz. Por eso hay guerra en Centroamérica.

51 Nuestros pueblos han dicho ¡basta! Se están poniendo en pie, están unificando su rebeldía, están tratando de construir la Paz desde los derechos de los pobres sin poner sus esperanzas en los poderosos, desde la unidad centroamericana y latinoamericana, más allá de los foros e instancias de que se sirve el Imperio, sostenidos por el apoyo de la solidaridad internacional.

52 En estos pasos que la Paz da hacia nosotros, pasos pequeños si consideramos la magnitud de la tarea que aún nos espera, vemos acercarse al Reino de Dios, que es Paz, Justicia y Vida para los pobres.

1.3 La cruz y la persecución por el Reino.

53 Hoy como ayer Jesús y su Causa son signos de contradicción. En eso los discípulos no somos menos que el maestro. Hoy como ayer los poderosos insisten en perpetuar el sistema de opresión. Siguen imponiendo la cruz y la muerte a quien se atreve a luchar por la misma causa por la que luchó Jesús. Quieren evitar que llegue su Reino. Quieren evitar que las mayorías oprimidas lleguen a hacerse pueblo, que el pueblo se haga Iglesia, que el pueblo de Dios sea verdaderamente un pueblo histórico, que la Iglesia se encarne en el pueblo.

54 Vemos arreciar la persecución, la cruz y la muerte que el Imperio y sus cómplices desatan contra el pueblo y su proyecto de Paz, contra los pobres rebeldes, contra los constructores del Reino. Pero junto a esta cruz y esta muerte hemos visto florecer el testimonio de la sangre martirial de tantos hombres y mujeres que han dado y siguen dando heroicamente su vida por la Causa, por la Paz, por la Causa de Jesús. Esta herencia martirial nos desafía y nos convoca a la fidelidad, a la entrega, al heroísmo, al seguimiento radical. Es ella una de las más preciosas señales del Reino que llega a nosotros.

1.4 Centroamérica, profecía histórica del Dios de los Pobres

55 En el proceso de maduración de su conciencia histórica, ayudados por la fe, los pobres de América Central llegaron a descubrir que el Dios de la sociedad occidental cristiana no era el Dios de Jesús, sino un ídolo del Imperio. Comprendieron que Dios no quiere el actual sistema vigente (aún bendecido por iglesias institucionales), sino un orden nuevo, que pasa por la destrucción del viejo.

56 Desde esta fe, se alzaron y siguen alzados contra la vieja sociedad llamada cristiana; se rebelaron contra aquel Dios supuestamente cristiano. Pero no lo hicieron en nombre del ateísmo o en contra de la religión, sino apelando explícitamente al Dios verdaderamente cristiano, al Dios de Jesús redescubierto inequívocamente como Dios de los Pobres y Dios de la Vida. Y en esa lucha siguen, incluso allí donde, destruido el orden viejo, enfrentan ahora la guerra del Imperio por impedir establecer y consolidar el proyecto de paz del pueblo.

57 Así, la guerra en Centroamérica es también una guerra religiosa y teológica, una lucha entre dioses situados a ambos lados del conflicto. El Dios de los Pobres revelado por Jesús ha escuchado una vez más su clamor y se ha hecho presente para conducir a los oprimidos a la liberación, contra los opresores y contra sus dioses.

58 Con su rebeldía y con su lucha, con su sangre derramada y su colectivo martirio, están denunciando como «no cristiano» al Dios que justificó la conquista y se prestó a bendecir los sucesivos imperios, al mismo Dios que siguen invocando tantos «cristianos» de hoy que continúan bendiciendo y apoyando el mismo sistema imperial.

59 El proyecto de muerte dirigido contra estas mayorías centroamericanas oprimidas y creyentes para someter su santa rebeldía es la última edición de las ejecuciones y muertes infligidas «en nombre del Dios de la sociedad cristiana occidental» a lo largo de la historia.

60 Los pobres de Centroamérica están siendo actualmente testigos y mártires del Dios de Jesús, Dios de Vida, Dios de los Pobres. Son una profecía viva proclamada desde la práctica histórica, que invita a las iglesias cristianas a abandonar a los dioses del Imperio y a convertirse al verdadero Dios manifestado por Jesús, sin empeñarse en servir a dos señores.

1.5 Presencia de la Salvación en el proceso de Liberación.

61 Nuestros pueblos viven en proceso de liberación. Vemos nuestra lucha como un último recurso, como nuestra única salida para sobrevivir, para salvar históricamente nuestra dignidad de hijos de Dios, para colaborar con Dios en su designio salvador. La guerra centroamericana es una guerra de liberación: defendemos nuestro derecho a la paz frente a una secular agresión. Lo que hay de absurdo en toda esta violencia es ante todo el empeño de los poderosos por impedir que los pueblos sean libres.

62 La fe nos dice que la historia del Dios encarnado camina en la historia de los hombres, que la historia de la salvación es la historia de nuestra liberación total. Por eso, aunque hay que distinguir cuidadosamente entre progreso temporal y crecimiento del Reino de Dios, sin embargo, tanto el progreso temporal como el progreso de los procesos de liberación interesan grandemente al Reino de Dios. Igual que Israel cuando fue liberado de la opresión de Egipto, así nosotros no podemos dejar de experimentar el paso salvador del Señor cuando pasamos a condiciones de vida más humanas, cuando la Paz y la Vida se acercan a nuestro encuentro, cuando damos un paso  por pequeño que sea  hacia la Liberación plena.

63 No identificamos la liberación histórica con la salvación escatológica, pero tampoco las separamos indebidamente. Ni las separamos ni las confundimos. Hay una presencia de Reino  misteriosa, objeto de fe  en el avance del proceso de liberación del pueblo, aunque este proceso tenga su autonomía y metodología propias. Todo el derroche de esperanza y de generosidad de nuestros pueblos, no es algo que pueda perderse en el abismo de la muerte, sino que está escrito con letras de sangre en el Libro de la Vida y pertenece al Reino definitivo que misteriosamente crece ya y triunfa día a día en nuestra historia camino de su plenitud final.

2. ANTISIGNOS DEL REINO EN ESTA HORA HISTORICA CENTROAMERICANA

2.1. El pecado contra el Espíritu Santo.

64 Nosotros reconocemos con gozo la acción del Espíritu en los signos del Reino que se dan en nuestra historia a través de los pobres, por el protagonismo de nuestro pueblo, en favor de la Vida y de una Paz que sea fruto de la Justicia, en los procesos liberadores de nuestros pueblos... Son todos estos los signos que avalaban y avalan el mesianismo (Lc 7, 18ss) de aquél que vino a que tuviéramos Vida y Vida en abundancia (Jn 10,10). Por eso, consideramos que tal como denunció Jesús (Mc 3, 28ss), hoy como ayer, el pecado contra el Espíritu Santo consiste en no reconocer la obra y la gloria de Dios en todo aquello que favorece la vida de los hombres, la vida de los pobres, la Paz del pueblo.

65 Así, nos parece un verdadero pecado contra el Espíritu Santo la teología y la pastoral que continúan la tradición teológica legitimadora de la conquista y del genocidio, de la dominación y de la opresión. Hoy día legitiman también la conculcación de la soberanía de nuestros pueblos, el capitalismo monopolista trasnacional que nos explota, el imperialismo que nos oprime, los gobiernos títeres y las fachadas democráticas que ocultan al mundo nuestra verdadera realidad... Esta teología y esta pastoral ignoran y silencian la miseria en que viven las mayorías oprimidas, la muerte impuesta a los pueblos prohibidos. El propio Imperio apoya, promueve, financia y adopta esta teología, como un arma mortífera contra los pobres, contra sus procesos de liberación, contra su fe cristiana liberada y, en definitiva, contra el Dios de los pobres. Para nuestra fe, nos resulta escandaloso que haya cristianos y autoridades de las Iglesias que cometan este pecado contra el Espíritu Santo, en connivencia con los poderes tenebrosos de este mundo de pecado.

66 Idéntico juicio nos merece la teología apocalíptica fundamentalista que se presenta tanto en Iglesias institucionales cuanto sobre todo en sectas, y que afirma que toda obra histórica del hombre es obra del demonio, hasta que Cristo venga. Por su parte, otra serie de teologías se consideran a sí mismas como suprapolíticas, o patrocinan un supuesto apoliticismo como línea de conducta ética cristiana. En realidad, todas esas teologías representan un espiritualismo falso y evasivo, que aliena a los hombres, los desvía de sus responsabilidades históricas y hace el juego a los enemigos de los pobres prestándose a ser utilizada para satanizar todo intento de liberación con un anticomunismo irracional.

67 Cómplices de este pecado contra el Espíritu Santo son también tantos hermanos que, entre nosotros o en el primer mundo, confesándose cristianos o no, permanecen atrincherados en su comodidad, excusándose en la lejanía, en la falta de claridad de información, en su pretendida neutralidad, en la pluralidad de interpretaciones, en la complejidad de los problemas... mientras los pobres siguen muriendo y a su proyecto de paz y de vida se le imponen nuevas y mayores cuotas de sangre.

2.2. El pecado en el movimiento popular.

68 Desde nuestra fe vemos el movimiento popular como una mediación necesaria para nuestro servicio al Reino. Esa misma fe y nuestro compromiso práctico nos dan lucidez crítica para no absolutizar lo que sólo es una mediación. Como mediación, el movimiento popular es una realidad humana no exenta de limitaciones ni libre de pecado. Nuestra lucha contra el pecado se dirige también a todo lo que de pecado pueda darse en las mediaciones que ponemos en práctica en nuestra lucha por el Reino.

69 Por eso, sin perder de vista nunca el interés global final, y siempre con un espíritu constructivo (hacia la construcción del Reino), nos sentimos impelidos a aportar nuestra crítica e incluso nuestra denuncia de todo lo que en el movimiento popular haya podido haber en algunos momentos de traición, rivalidades y hasta de graves enfrentamientos internos por encima de la causa y los intereses populares, o de alejamiento respecto del pueblo, de todo lo que haya podido haber de populismo, militarismo, burocratismo, abusos, discriminaciones, venganzas, incoherencias, infidelidades...

70 Asímismo, en espíritu de autocrítica y de compunción, sintiéndonos pecadores y llamados a una conversión permanente, pedimos perdón a Dios y a los hermanos por todo lo que en nuestra vida personal y comunitaria hay de pecado y de escándalo: incoherencias personales, cansancios y desánimos, conflictos comunitarios, actitudes antievangélicas, ambiciones de poder o deseos de hegemonía, intolerancias y sospechas, poca generosidad en el perdón, cobardía ante las exigencias radicales de la defensa de los derechos de los pobres... Seguimos permanentemente a la búsqueda del Hombre Nuevo que anhelamos construir.

71 Nuestra crítica y autocrítica, firme y sincera a la vez que constructiva y leal, forma parte del positivo apoyo que desde nuestra fe nos vemos obligados a dar incondicionalmente a la causa de la liberación de nuestros pueblos. Jesús, que tan claramente apoyó la causa popular, no vaciló en «desafiar» al pueblo cuando en algunos momentos lo exigió la lealtad a la causa mayor del Reino.

2.3. La manipulación de la defensa de la democracia y de los derechos humanos.

72 Para nosotros, la democracia y los derechos humanos son un paso adelante en la historia de la humanidad, una conquista irrenunciable que ha de ser profundizada incesantemente. Por eso, no comulgamos con quienes hacen de ellos una lectura restrictiva, ni con quienes manipulan esta bandera de los pobres en contra de los intereses del pueblo. Por ejemplo,

73 cuando se utiliza para encubrir, tras una fachada de democracia electoral, regímenes represivos y genocidas, culpables de decenas de miles de desaparecimientos y asesinatos; regímenes que privan al pueblo de lo más elemental de la Vida en favor del lujo y del privilegio de una oligarquía escandalosamente minoritaria;

74 cuando se utiliza para amparar ocultamente la propuesta de un partido político como la democracia cristiana, que actúa como fuerza de legitimación del sistema de dominación;

75 cuando se utiliza para soslayar el cuestionamiento global al presente ordenamiento del mundo, al orden establecido desde la conquista, al orden imperial, al sistema que privilegia a los poderosos, a la «sociedad occidental cristiana»...

76 No basta proclamar la democracia formal electoral o los derechos civiles y políticos en su concepción liberal burguesa. Quedarse ahí, o utilizar esta proclamación para combatir la posibilidad de un verdadero «gobierno del pueblo», o para ignorar e impedir la realización de los derechos humanos que asisten a los pueblos como naciones, como etnias o como clases, su derecho a la soberanía, a la autodeterminación, a la vida para las mayorías... es una manipulación y un pecado contra la Vida y contra la Verdad.

2.4. Las condenas de la violencia que violan la Vida.

77 Después de siglos de connivencia y de legitimación de un sistema de dominación y de violencia institucional, a pesar de gloriosas excepciones proféticas, sólo cuando los pobres optaron por defenderse las Iglesias finalmente se pronunciaron para condenar «toda violencia venga de donde viniere». El uso acrítico de esta condena, mantenida a veces con una voluntaria ceguera, equipara bajo el mismo rótulo tanto la lucha de los pobres por defenderse y sobrevivir, como la opresión sistemática de los poderosos y la represión con que responden a los pobres insumisos.

78 Por otra parte, muchas instituciones eclesiásticas lavan la conciencia de las oligarquías privilegiadas, responsables del sistema de violencia institucionalizada contra las mayorías centroamericanas, lo legitiman ideológicamente, lo bendicen jurídica y eclesiásticamente, ponen capellanes (sacerdotes, pastores y hasta obispos) al servicio de ejércitos y cuerpos represivos, o consideran dicha violencia como deber de protección del orden «legal».

79 A este respecto es significativo y particularmente escandaloso que Nicaragua, el único país de nuestra área donde el proyecto popular está en el poder, sea el único lugar donde la mayor parte de las iglesias institucionales y sus jerarquías no hayan condenado «toda violencia, venga de donde viniere», ni han condenado la violencia ejercida por las fuerzas antipopulares sostenidas por el imperio.

2.5. Los llamados a la reconciliación que contemporizan con el pecado.

80 En Centroamérica escuchamos con frecuencia llamados a la reconciliación que formulan las iglesias como situándose por encima de las partes implicadas en el conflicto centroamericano, apelando al amor y a la fraternidad cristiana. Los llamados parecen en principio muy cristianos, pero tratando de hacer con atención un discernimiento espiritual encontramos que no lo son tanto.

81 El conflicto centroamericano se da entre un opresor violento y fuertemente armado y unas mayorías secularmente oprimidas, masacradas e indefensas. Es un conflicto que sólo puede ser descrito como una lucha entre la justicia y la injusticia, entre el bien y el mal, entre la Vida y la Muerte. En este contexto, la idea de reconciliar el bien con el mal no sólo representa una aplicación equivocada de la idea cristiana de reconciliación, sino que es además una tergiversación de la fe cristiana. Nuestro deber es acabar con el mal, con la injusticia, la opresión, el pecado, y no llegar a un acuerdo con él. No debemos reconciliar el bien con el mal, ni la vida con la muerte. Toda contemporización con el mal conduciría a una paz que no es la del Reino. Toda reconciliación cristiana pasa por una opción radical por la justicia y por los pobres.

82 La paz que el mundo ofrece es una «reconciliación» que encubre la injusticia y la opresión. La paz es fruto de la justicia, no resultado de arreglos negociados con la injusticia. En Centroamérica, como en toda América Latina, no hay otra posibilidad de reconciliación cristiana que la puesta en marcha del plan de paz del pueblo, de los pobres organizados y conscientes, como alternativa opuesta a la de los que han sido y son sus opresores.

83 Desde nuestra fe cristiana no podemos llamar a la reconciliación como un dictado venido de fuera, eludiendo nuestra propia responsabilidad en el conflicto. Tenemos un deber positivo de trabajar por la reconciliación verdadera, reconciliación que nosotros creemos posible porque conocemos la capacidad del Pueblo pobre para perdonar, como un acto de dignidad y humanidad frente al enemigo, siempre que desaparezcan las causas que provocan la injusticia y el conflicto.

3. CENTROAMERICA ES UN KAIROS

84 El análisis y discernimiento que hemos hecho de los signos y antisignos del Reino en medio de los signos de los tiempos y del lugar que vivimos en Centroamérica nos llevan a concluir que esta hora histórica de Centroamérica es un Kairós, una oportunidad de Gracia, una hora decisiva, un tiempo especialmente denso dentro del horizonte de la historia de la salvación.

85 La crisis centroamericana ha ido agravándose y profundizándose. El conflicto ha llegado a un climax de tensión y de madurez de conciencia. Nunca como ahora en la historia se han sentido los pobres tan impulsados por el Viento del Espíritu a ser eficaces instrumentos de proyecto del Padre de todos. Nunca como ahora se han sentido implicadas y desafiadas las Iglesias de Centroamérica por el Dios de los pobres. Nunca como ahora ha tenido que refugiarse el Imperio tan irracionalmente en el derecho de la fuerza. Nunca como ahora el mundo ha tenido una conciencia internacional tan extendida de solidaridad y corresponsabilidad ante lo que se juega en Centroamérica, ante lo nuevo que esta tierra está dando a luz para una Nueva Humanidad y para un Mundo Nuevo.

86 Es el momento. Es la hora determinante. Es un llamado decisivo de Dios. Es el tiempo aceptable, tiempo de gracia, tiempo de salvación. Es el paso de Dios por nuestra Historia, por Centroamérica. La sangre de Abel clama al cielo. El grito de Lázaro reclama una atención inaplazable. Los pueblos centroamericanos irrumpen en la conciencia mundial como jueces veraces de nuestra proclamada fraternidad. Las mayorías oprimidas del tercer mundo miran a Centroamérica con angustia y con esperanza. Centroamérica se ha convertido en un Kairós de consecuencias imprevisibles: o cerramos por muchos años un espacio para la esperanza de los pobres, o abrimos proféticamente un Día Nuevo para la humanidad, para la Iglesia.

87 Es el Kairós Centroamericano: una oportunidad de gracia en la que el Señor nos convoca a asumir los desafíos de esta hora histórica. Una oportunidad de gracia para crear un nuevo orden internacional donde prevalezca la fuerza del derecho sobre el derecho de la fuerza, donde los pueblos secularmente prohibidos y humillados pasen a ser libres, a vivir en soberanía y autodeterminación, donde los pueblos pequeños puedan convivir hermanados sin que ningún imperialismo les amenace. Una oportunidad para reparar penitencialmente los errores históricos de la conquista y el genocidio, para asumir una nueva actitud ante los 500 años. Una oportunidad para reparar los pecados históricos de las Iglesias, para historificar nuestro compromiso y nuestra espiritualidad, para vivir nuestra fe de un modo encarnado en la historia. Una oportunidad irrepetible para venerar reverentemente la sangre de la muchedumbre histórica de héroes y mártires, para consolar a tantos hermanos heridos por el dolor y la muerte, para dar esperanza y trasmitir coraje a los pobres de la Tierra, tantos de los cuales miran a Centroamérica como su hermana mayor. Una oportunidad de gracia de conversión para que el primer mundo y la llamada «sociedad occidental cristiana» se vuelvan al verdadero Dios cristiano que los pobres les permiten redescubrir con su testimonio profético.

88 Esta hora histórica de Centroamérica es un Kairós, el paso de Dios, encarnado en Jesús, por esta cintura ardiente de América Latina, convocándonos a la lucha por el Reino, a la cruz, a la esperanza inclaudicable, a la solidaridad invencible, al triunfo de la resurrección.

4. NUESTRA RESPUESTA A ESTE KAIROS CENTROAMERICANO.

4.1. La opción por los pobres.

89 Nosotros no podemos ser cristianos en Centroamérica sin tomar postura en favor de los injustamente marginados, en favor de las mayorías oprimidas, y en contra de los opresores en cuanto tales, en contra del sistema de muerte que domina el mundo; sólo así podremos seguir a Jesús.

90 Esta hora histórica centroamericana exige radicalmente una clara definición geopolítica: se está con el pueblo o se entra en connivencia con sus opresores; se está con los pobres o se está con el Imperio; con el Dios de la Vida o con los ídolos de la Muerte; con el Dios de Jesús o con un falso Dios cristiano.

91 El Kairós centroamericano implica reconocer la dignidad de los pobres, reconocerles el derecho a ser protagonistas de su propia liberación, a ser protagonistas de un proyecto de liberación para todos, privilegiando a los subgrupos más oprimidos: la mujer, los indígenas, los afroamericanos...

4.2. Nutrir la esperanza del pueblo.

92 Cada uno de nosotros nos alimentamos de la experiencia espiritual del pueblo de Dios centroamericano, de su fe, su esperanza, su amor revolucionario. Somos testigos de su testimonio martirial. Y a la vez nos sentimos llamados a aportar nuestro grano de arena para alimentar, fortalecer y sostener su esperanza.

93 Queremos alimentar esta visión de fe que nos hace descubrir la presencia de Dios caminando delante de nuestro pueblo, excitando nuestros deseos de libertad, conduciéndonos esforzadamente por las duras veredas de la liberación, defendiéndonos de nuestros opresores, sosteniéndonos en la escasez del desierto mientras escapamos del alcance del Imperio...

94 Este alimentar la esperanza de nuestro pueblo será también nuestra mejor aportación  la que nos es más propia o específica en cuanto cristianos, como fermento en la masa  al proceso de liberación de nuestro pueblo, a la realización histórica del plan liberador de Dios, a la construcción del Reino en la historia.

4.3. Radicalizarnos en el servicio al Reino.

95 En esta hora en que vivimos en Centroamérica un conflicto histórico donde nos debatimos dramáticamente entre la vida y la muerte, no podemos menos de volver nuestra atención a lo más esencial de nuestro ser cristiano y concentrarnos radicalmente en la voluntad última de Dios sobre la historia: ¡su Reino! Queremos radicalizarnos en el seguimiento de Jesús: vivir y luchar por su Causa.

96 Queremos superar la clásica tentación en la que durante tantos siglos han caído nuestras iglesias, de ponerse a sí mismas como su propio fin, concentrándose en su vida intereclesiástica, convirtiéndose en un fin en sí mismas, y desentendiéndose en definitiva de las luchas históricas donde se debate el advenimiento del Reino y la gloria de Dios, llegando a considerar de hecho la construcción del Reino en la historia como una actividad profana o política que no les competería.

97 Con la mirada puesta en el Reino (la Causa de Jesús, el absoluto al cual todas las mediaciones han de ordenarse) queremos ayudar a nuestras iglesias a superar toda dicotomía y todo reduccionismo, a encarnarse en el pueblo, a aceptar la vocación profética y sacerdotal del pueblo de Dios, a abandonar su pretendida neutralidad y superar sus divisiones internas optando inequívocamente por los pobres, a bajar a la arena de la historia y a hacer eficaz allí con esperanza su fe y su amor, a arriesgar su prestigio y hasta su paz, a asumir la persecución y la muerte misma, y a gritar con los hechos desde esta tierra volcánica: ¡venga tu Reino! ¡Hágase tu voluntad en la tierra, en Centroamérica, como en el cielo!.

5. DESAFIOS DEL KAIROS CENTROAMERICANO A NUESTROS HERMANOS.

98 Centroamérica es un Kairós de Gracia no solamente para los que en ella vivimos. Creemos que también es un desafío para las Iglesias y el mundo. Permítannos, hermanos, abrirles humildemente nuestro corazón y hacerles confiadamente sugerencias que puedan ayudarles a acoger este Kairós Centroamericano.

99 Somos prójimos de ustedes. Queremos responderles aquella pregunta que, como el jurista del evangelio, quizá ustedes también se hagan: «¿Quién es mi prójimo?» (Lc 10,25ss). Nosotros somos aquel hombre de la parábola de Jesús frente al que ustedes deben ser buenos samaritanos. Estamos malheridos al borde del camino, avasallados sin piedad por los sucesivos imperios, explotados por las trasnacionales, masacrados y reprimidos por los aparatos militares, marginados, privados de lo más elemental de la vida, deportados, exiliados, refugiados... Aunque quizá lejanos en la geografía, estamos muy próximos a ustedes. Tan próximos, que, en realidad, nuestra situación es el reverso mismo de la que ustedes viven. Somos sus prójimos. No se hagan sordos al grito de Centroamérica. No pasen de largo, ni siquiera para entregarse al culto. No teman contaminarse haciéndose solidarios con nosotros. Oigan más bien la palabra de Jesús: «cada vez que lo hicieron a uno de mis hermanos más pequeños, a mi me lo hicieron» (Mt 25, 31ss).

100 «¿Qué has hecho de tu hermano?» ¿Qué han hecho ustedes de estos pueblos? ¿Qué han hecho de Centroamérica? La sangre de este Abel centroamericano, que brota de los 200.000 muertos, de innumerables mártires, clama al cielo y se dirige al Congreso Norteamericano, a la Europa conquistadora, a los hermanos desentendidamente insolidarios...

101 Opten por los pobres rebeldes. Dios optó por los pobres para su liberación, animándoles a liberarse. Ustedes también, opten por los pobres, contra la pobreza. Rebélense contra la situación de los pobres y luchen por destruir todos los mecanismos que la producen. Opten políticamente por la liberación de los pobres, y traduzcan esa opción en una participación activa con ellos en la superación del sistema que genera la pobreza. Opten por la rebeldía de los pobres y por los pobres rebeldes, los pobres incómodos que reivindican sus derechos y denuncian los privilegios de las minorías. Reconozcan al pueblo humilde que se convierte en sujeto histórico y reclama su autodeterminación en pie de igualdad, sin limosnas ni beneficencia.

102 Ya no es posible un cristianismo provinciano. Ya no es posible ser cristiano encerrado en los estrechos límites de la propia comunidad o nación. Hoy sólo se puede ser consecuentemente cristianos haciéndose cargo de las responsabilidades históricas internacionales frente al prójimo mundial. El cosmos es nuestras casa. El mundo es nuestra familia. Los pueblos son nuestros prójimos. El mundo es nuestra responsabilidad. La historia colectiva es nuestra tarea. Es ahí donde debemos gritar apasionadamente: ¡Ven, Señor Jesús!

PARTE III DE CARA A LA ACCION, HOY

La solidaridad ecuménica: ser prójimo de quienes luchan por la vida.

103 Después de analizar nuestra difícil y esperanzadora situación centroamericana y su evolución hacia un proceso de soluciones no violentas a los conflictos estructurales que ya hemos señalado, particularmente a partir de Esquipulas II, y habiendo realizado también una extensa reflexión teológica en la cual han participado teólogos, sacerdotes, pastores y líderes eclesiales de base del movimiento ecuménico mesoamericano, en esta parte de nuestro documento deseamos formular una serie de propuestas hacia el interior de las comunidades cristianas de América Central y del mundo entero. Estas propuestas las presentamos a ustedes, hermanos y hermanas, con sentido de urgencia y con el propósito de contribuir a la construcción de la paz para los pueblos de Centroamérica y consolidar el proceso de una lucha legítima por la justicia, la igualdad y la liberación humana. Como cristianos nos sentimos interpelados por el Señor para trabajar en este proyecto, con espíritu profético, en fidelidad a la causa de los pobres y oprimidos, que es la causa del reino de Dios.

104 Este es el desafío que en América Central nos interpela a nosotros y que desde nuestro contexto ponemos ante ustedes, cristianos y personas de buena voluntad en todo el mundo. Hemos descrito aquí la dolorosa situación de guerra prolongada que aún vivimos y que deseamos que concluya pronto porque la paz y la vida son derechos inalienables de los pueblos. Hemos afirmado también con la máxima fuerza que ésta no es una guerra absurda, sino la culminación de una lucha, la que durante cinco siglos los pueblos de América Central sostienen contra sus explotadores. La guerra de los últimos diez años debe entenderse como una intensificación de esta larga lucha. Pero deseamos subrayar que los pueblos centroamericanos son pacíficos y proponen a lo largo de su historia una vida de paz e igualdad social. La violencia estructural la origina la colonización y ha sido profundizada en este siglo por el imperialismo norteamericano. El gemido de nuestros pueblos y el sentido de su lucha es el cese de esta violencia y de todo género de agresión que destruyen la vida y el futuro, para abrir por sí mismos un camino para nuevas transformaciones espirituales y materiales que conlleve a la creación de la nueva comunidad.

105 Hermanas y hermanos: hemos leído esta lucha desde la fe de los pobres en el Dios de la Vida como una oportunidad de gracia, una ocasión para la salvación de estos pueblos secularmente dominados, como un «Kairós» que no debe desatenderse, pues posiblemente no vuelva a darse por muchas generaciones si hoy despreciamos este llamado del Señor.

106 Por tal razón nos exhortamos a nosotros mismos y apelamos a la «proximidad» de nuestros hermanos y hermanas. Les pedimos y demandamos solidaridad con una causa que creemos es la causa de Dios y de su Reino. Urgimos compasión por el sufrimiento inocente de miles y miles de víctimas de la represión en esta parte neurálgica del continente. Pedimos sus oraciones y su acompañamiento para todo este pueblo de Dios.

107 Hermanas y hermanos: para trabajar juntos por la causa de la paz, de la justicia y de la vida de los pueblos centroamericanos les proponemos algunas tareas de solidaridad, alrededor de las cuales podremos organizarnos y actuar ecuménicamente.

Interpelación a nuestras comunidades en América Central.

108. 1 Palpamos en estos últimos años una experiencia más concreta en el desarrollo de un espíritu ecuménico en las comunidades cristianas de América Central. Son valiosos los proyectos ecuménicos que se estructuran en la marcha y coadyuvan a la construcción de la esperanza, la justicia y la emancipación de nuestras iglesias y pueblos. Queremos animarnos a cultivar este espíritu con mayor dedicación, a evitar las divisiones y fraccionamientos entre nosotros, a fomentar la comunicación y la cooperación ecuménica en nuestra área y con toda América Latina. Es urgente articular de manera más eficaz nuestras acciones en todos los planos de la vida eclesial y social.

109. 2 Debemos de confesar que por muchos años hemos permanecido indiferentes al dolor, al sufrimiento y a la muerte de los pobres de nuestras propias comunidades. Reiteramos en este tiempo de juicio y de gracia nuestro compromiso consecuente con los pobres y la lucha por la justicia, la paz y la liberación. Sólo de este modo tiene sentido nuestra fe, la proclamación del evangelio de Jesús y la comunión.

110. 3 En nuestra región han surgido movimientos populares para luchar por la paz, la justicia y la reconciliación. Consideramos que debemos apoyar estos movimientos con mayor compromiso, y a la vez mantener vivo el espíritu y la llama que ha originado la insurrección evangélica que ha reactivado el profetismo de la iglesia y su discernimiento para ser fiel a la misión de Dios.

Exigencias urgentes al Gobierno de Estados Unidos.

111. 4 Exigimos al Gobierno de Estados Unidos cesar definitivamente su apoyo económico y militar a la contrarrevolución en Nicaragua y acatar el fallo de la Corte Internacional de Justicia de junio de 1986, que condenó la agresión de EEUU contra Nicaragua, y exigió, además de su cese, una indemnización por las consecuencias de sus ataques a comunidades civiles, que ocasionaron muerte y destrucción económica. Pedimos a las iglesias, cristianos y movimientos de solidaridad de EEUU continuar implementando formas de presión para que cese esta criminal acción de terrorismo, y en su lugar se formule una política de cooperación y paz para Nicaragua y Centroamérica.

112. 5 Exigimos al Gobierno y el Congreso de EEUU respetar la soberanía de la República de Panamá y la devolución del Canal a Panamá, cumpliendo puntualmente los acuerdos Torrijos-Carter. Animamos a los gobiernos democráticos y pueblos de América Latina a expresar su solidaridad al pueblo de Panamá en su lucha por una auténtica soberanía.

113. 6 Exigimos al gobierno de Estados Unidos el retiro de las tropas norteamericanas y contrarrevolucionarias del territorio hondureño y el respeto a su soberanía.

114. 7 Exigimos a los gobiernos de EEUU e Israel y de todos los países del mundo, cesar su apoyo militar y político al Gobierno de Guatemala y El Salvador donde los ejércitos hacen la guerra al pueblo sufrido provocando miles de muertos y de desplazados. Pedimos asimismo a la Organización de las Naciones Unidas mantenga su relator en Guatemala para fiscalizar la violación sistemática de los derechos en ese país.

Peticiones a los gobiernos de América Latina, Naciones Unidas y otros organismos multilaterales.

115. 8 Hacemos un llamado a los gobiernos de América Central a dar continuidad y cumplimiento a los Acuerdos de Esquipulas II, especialmente a los asuntos de seguridad, democratización, respeto a los Derechos Humanos, repatriación voluntaria e integración económica. Recomendamos a los gobiernos del área dar seguimiento al proceso de Contadora en los aspectos no cubiertos por el Acuerdo de Esquipulas II.

116. 9 Hacemos un llamado urgente a los pueblos de América Latina y sus respectivos gobiernos a mantener y a acrecentar su solidaridad con la causa de América Central, asumiéndola como suya.

117. 10 Hacemos un llamado urgente a los gobiernos, a los Organismos Multilaterales de Desarrollo y Humanitarios y a las Organizaciones Ecuménicas de Desarrollo a realizar acciones coordinadas que contribuyan a la reconstrucción socio-económica de América Central, y a tomar acciones inmediatas hacia la solución de la actual crisis económica y la hambruna que se cierne sobre los países del área. Pedimos a los gobiernos, las Iglesias y movimientos de solidaridad prestar todas las atenciones a los refugiados centroamericanos que lleguen a sus países.

118. 11 Proponemos a la Organización de Naciones Unidas y a la Organización de Estados Americanos organizar un proceso concreto de gestiones para el desmantelamiento de las bases militares extranjeras en Centroamérica, Belice, Panamá y los países del Caribe, declarar y hacer de toda esta región una zona de paz.

Interpelación a las Iglesias y cristianos del mundo.

119. 12 Pedimos a las Iglesias de todo el mundo, pero especialmente a las Iglesias de Roma, España, Portugal, Inglaterra, Estados Unidos y de los países latinoamericanos que celebren actos penitenciales de gran envergadura con ocasión del quinto centenario de la sujeción de América Latina, comprometiéndose eficazmente ante sus gobiernos en favor de su emancipación.

120. 13 Pedimos a las Iglesias de Estados Unidos y Canadá que fomenten ayunos y actos de obstrucción, incluso llegando a los extremos que heroicamente llevaron a nuestro hermano Brian Willson a sacrificar sus piernas para detener un tren militar y frenar la política guerrerista de Estados Unidos contra América Central. Reconocemos la inmensa solidaridad de las Iglesias y el pueblo de Estados Unidos para con los pueblos de Centroamérica, pero queremos decirles que la lucha es larga y dolorosa y apenas hemos comenzado. Les animamos a continuar el intercambio y la cooperación ecuménica con América Central, a conocer más profundamente nuestras realidades y a apoyar a nuestros pueblos en la digna lucha por la Paz y la Vida.

121. 14 Pedimos a las Iglesias y cristianos de todo el mundo y particularmente de América Latina celebrar cada año oraciones, vigilias, cultos, procesiones y otros actos apropiados de intercesión por América Central en el aniversario del martirio de nuestro hermano Oscar Arnulfo Romero (el 24 de marzo de 1980) así como en otros momentos oportunos.

Urgencia de un nuevo orden de justicia y paz.

122. 15 Solicitamos concretamente a la Asamblea General de la ONU, a los Organismos Multilaterales de Financiación, al Banco Mundial, al Fondo Monetario Internacional y a los Gobiernos del mundo céntrico, condonar la Deuda Externa del Tercer Mundo porque ésta fue construida sobre bases injustas, y porque entre otras razones el flujo real de beneficio del Tercer Mundo hacia los países ricos excede la suma total de la Deuda.

123. 16 Asímismo pedimos a todos los gobiernos del mundo abocarse con urgencia a la creación de un Nuevo Orden Económico Internacional que permita a los pueblos pobres salir de situaciones de miseria, conducir un proceso de desarrollo integral de justicia y dignidad, de respeto a la integridad de la creación, y de paz.

124 Hermanas y hermanos. Suscribimos en nombre de Cristo y de nuestros pueblos este Documento «Kairós Centroamericano», y nos reafirmamos juntamente con ustedes en el propósito de orar, trabajar y luchar por que las propuestas aquí formuladas puedan implementarse y la justicia y la paz lleguen a nuestros pueblos centroamericanos y al mundo. Oramos porque la gracia y el Espíritu de Dios nos acompañe en esta lucha por el Reino.

Nicaragua Libre, Centroamérica

Pascua de Resurrección, 3 de abril de 1988.